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Cumplió la hazaña que prometió, nunca se traiciono

Por Marco Mazzino para Experiencia Mordisquito

Carlos el Indio Solari contó desde su óptica, desde su amplisima cultura, una visión ecléctica del mundo. Poeta,  filósofo, pensador, con intensidad e identidad política y sin caricaturas rockeras. El Indio era un intelectual por el cual se volvieron locos los pibes de cuatro generaciones. Sin perder el manejo de su obra. sin tranzar con disqueras pero entendiendo claramente el negocio de la música masiva. Acerco la poesía al pueblo. Hizo que se la pasaran de padres a hijos.

Carlos Alberto «El Indio» Solari nació en1949 en plena Argentina Peronista. Este no es un dato mas. El indio dijo alguna vez. Soy un artista peronista, y agregó: Durante el gobierno de Cristina simplemente vi un pueblo feliz que vivía bien.

El adiós a un mito fundamental del rock argentino.

Sus grupos Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota Co-fundador y líder de la banda junto a Skay,  transformó la escena musical argentina d los 70′ 80´, 90´ y en las primeras dos décadas de este siglo, ya lejos de Skay, con los «Fundamentalistas» y como solista, convirtiéndose en un fenómeno cultural y social sin precedentes basado en la independencia artística, y en la poesía profunda llena de verdad y compromiso.

El Indio fue a partir de los 90´ un especie de padre severo que nunca te iba a dejar a gamba. Los pibes de la era menemista abandonados por la ola neoliberal encontraron en sus letras las palabras para su bronca pero, también la lírica para apostar al futuro y encontrar los mensajes de solidaridad que hoy se encuentran en disputa.

El Indio siempre mantuvo una postura crítica hacia los poderes hegemónicos, reflejada en las metáforas de sus letras. Defendió fervientemente la autogestión, la contracultura y la independencia de la industria tradicional, manifestando en sus últimos años un apoyo explícito a los movimientos populares de nuestro país.

En 2016 reveló públicamente que padecía la enfermedad de Parkinson (a la que se refería metafóricamente como «el míster»). Esta condición lo alejó progresivamente de los escenarios físicos, obligándolo a retirarse de los shows en vivo directos, aunque continuó presente de forma virtual y mediante grabaciones de estudio, demostrando su resiliencia y amor por la música hasta el final.

Construyó un universo musical y también una suerte de manual ético y existencial que atravesó a varias generaciones. Su relación con la juventud nunca fue la del demagogo que busca agradar, sino la de un observador lúcido, por momentos crudo, pero profundamente comprometido con la autonomía de los pibes.

En su prédica siempre estaba presente la autonomía y el «cuidado de uno mismo»
Si algo repitió el Indio a lo largo de las décadas, es la advertencia contra los dogmas y los líderes mesiánicos (incluso cuando a él mismo lo ubicaron en ese altar). Su mensaje siempre fue profundamente racional y a la vez bellamente emotivo».
En sus letras y entrevistas, advertir sobre cómo las instituciones, el mercado y el poder político intentan cooptar la rebeldía juvenil. Promovía la contracultura responsable, alentó la psicodelia y la exploración de los límites, pero lejos de la autodestrucción vacía. Para el Indio, el verdadero acto revolucionario de un joven es mantenerse despierto, educado y lúcido. «El lujo es vulgaridad», cantaba, invitando a buscar la riqueza en la vivencia espiritual, artística y comunitaria, no en el consumo.

El respeto por el dolor y la marginalidad

El Indio se convirtió en la voz de los que quedaban afuera del sistema, especialmente durante los años 90. Su mirada sobre la juventud de las barriadas populares no fue paternalista, sino de una profunda empatía y dignificación.  Entendió como pocos el desamparo de las generaciones que crecieron en la intemperie social. Sus canciones poblaron el imaginario de personajes heridos, sobrevivientes de las crisis, a quienes les otorgó una épica y una identidad.
A esos jóvenes les habló de la resistencia cultural: la idea de que, frente a un mundo que te hostiga, el arte, la amistad y la música  son los únicos refugios genuinos.
El Indio era un tipo chúcaro pocas pulgas sin embargo, nunca fue el viejo nostálgico que rechaza lo nuevo; experimentó con la tecnología en sus discos del Fundamentalismo y valoró las nuevas formas de producción independiente de los músicos jóvenes.

Nunca comulgó con la obediencia ciega. Su mensaje político para las nuevas generaciones siempre se resumió en la defensa de los Derechos Humanos, la justicia social y el rechazo absoluto a la violencia institucional, pero exigiendo que la rebeldía no se aburguesara dentro de las estructuras del Estado.
> «Yo no quiero jóvenes viejos. Los jóvenes tienen que ser rebeldes, tienen que meter la pata, tienen que patear el tablero. El problema es cuando el sistema los domestica antes de que puedan cambiar algo.»

En definitiva, el Indio le habló a los jóvenes como un hermano mayor, como un padre y luego como un abuelo sabio que no buscaba dar órdenes, sino encender una mecha de sospecha contra el sentido común establecido. Su mayor legado generacional es, precisamente, haberles regalado un territorio —la misa ricotera— donde sentirse libres, protegidos y dueños de su propio destino, aunque fuera por un fin de semana.

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