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Nuestros sueños ya no caben adentro de las urnas

Marco Mazzino

​Por la Redacción Mordisquito

La idea fuerza resuena con crudeza en el aire de las asambleas populares y las esquinas del país: nuestros sueños ya no caben en las urnas de la política argentina. Frente a una oferta partidaria que parece orbitar en discusiones desvinculadas de la vida cotidiana, la realidad de la calle impone su propia agenda económica y social.
​El modelo actual dibuja el contorno de un capitalismo sin ataduras ni amortiguadores, donde la desregulación extrema deja desprotegidos a los sectores más vulnerados. En este esquema, el Estado —ya sea nacional, provincial o municipal— muestra una marcada debilidad estructural para intervenir, regular o actuar como garante de los derechos básicos de la ciudadanía.

El lucro sobre el derecho: la crisis de los servicios públicos

​La transferencia de los servicios esenciales al capital privado bajo la premisa del beneficio económico ha transformado bienes de primera necesidad en mercancías inalcanzables. La luz y el gas han dejado de considerarse derechos ciudadanos para convertirse en variables de ajuste en el presupuesto familiar.
​En los últimos meses, las boletas de electricidad y gas han registrado aumentos exorbitantes que superan con creces la evolución de los salarios y las jubilaciones. Comerciantes, PYMES y familias trabajadoras enfrentan montos imposibles de pagar, donde la disyuntiva se ha vuelto dramática: recortar alimentos y medicamentos o afrontar el corte del suministro. La falta de un marco regulatorio contundente que contenga el impacto de las tarifas evidencia la retirada de los distintos niveles del Estado en su rol de arbitrar a favor de la comunidad.​

El Partido de la Costa: la organización comunitaria como respuesta

​Ante este panorama de desamparo, la respuesta no ha tardado en articularse desde abajo. En el Partido de la Costa, la movilización vecinal se ha convertido en el epicentro de la resistencia contra los tarifazos.
​Agrupados en asambleas, los vecinos de las distintas localidades del distrito han tomado las calles, organizado ruidazos y presentado recursos ante las prestadoras de servicios y los organismos de control. La lucha comunitaria en la zona costera pone de manifiesto que, cuando las instituciones formales y la política electoral no ofrecen soluciones concretas a las urgencias de la población, la organización autogestionada surge como la única herramienta disponible para visibilizar el reclamo y defender las condiciones mínimas de vida.
​La crisis del costo de vida en la costa es el reflejo local de un fenómeno nacional: un modelo que prioriza la rentabilidad empresaria por sobre la sostenibilidad social, dejando en evidencia que la agenda del bienestar colectivo supera los límites de los procesos electorales tradicionales.

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