81años después ¿Existe el Peronismo o solo hay peronistas?
Por Marco Mazzino
«De todos modos y mas allá de las debilidades provocadas por el enemigo y las auto infringidas por sus miembros, el corpus peronista mantiene un vigor que solo se explica en la necesidad de liberación que tiene un pueblo vulnerado por verdugos propios y extraños. Un pueblo que aunque no lo diga todo el tiempo sabe cual es su cauce histórico. Tal vez si nadie conduce las urgencias de la Patria, será el propio pueblo quien deba volver a desbordarlo.» MM
Del mito fundacional a la fragmentación:. El hito que lo cambió todo
El 17 de octubre de 1945 no solo alteró el mapa político argentino; fue el día en que la historia social del país se dividió en un antes y un después. La masa obrera, organizada y visible por primera vez en las calles de Buenos Aires, marchó desde los cordones industriales hacia la Plaza de Mayo para exigir la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón.
Aquel gesto espontáneo —inmortalizado en la imagen folclórica de los «patas sucias» refrescándose en las fuentes de la plaza— consolidó una alianza indestructible entre un líder que otorgaba derechos laborales y una clase trabajadora que demandaba protagonismo histórico. De esa jornada de lealtad colectiva nació el Peronismo como movimiento de masas, una doctrina estructurada bajo las banderas de la justicia social, la independencia económica y la soberanía política.
La metamorfosis del movimiento: ¿Aún existe el Peronismo?
A ocho décadas de aquella gesta, la pregunta que incomoda a la política argentina surge de manera inevitable: ¿Hoy existe el Peronismo como cuerpo doctrinal unificado, o solo subsisten los peronistas?
Durante su primera época y las décadas posteriores, el peronismo actuó como un sistema articulado donde la figura del conductor daba unidad a las heterogéneas vertientes que integraban el movimiento. Sin embargo, tras la muerte de Perón en 1974 y con las distintas transformaciones económicas y globales de las últimas décadas, la identidad unificada empezó a fragmentarse.
El peronismo ha sabido ser:
Neoliberal durante los noventa. Progresista y de centroizquierda con el kirchnerismo. Conservador u ortodoxo en los diversos feudos provinciales y sinónimo de una cosmovisión provinciana, como la que existe desde hace mas de un cuarto de siglo en Córdoba, con su rasgo industrialista y de colaboración de clases.
Esta plasticidad doctrinaria hace que hoy sea difícil señalar un único cuerpo conceptual que represente «el» Peronismo. Si el movimiento original se caracterizaba por una conducción verticilar y objetivos estratégicos claros, el escenario contemporáneo muestra más bien una confederación de actores e intereses diversos.
El reinado de los peronistas
Ante esta dispersión, cobra fuerza la premisa de que hoy existen los peronistas, pero no un Peronismo homogéneo.
Ser peronista en la actualidad se ha convertido en un sentimiento de pertenencia, un pragmatismo táctico o una matriz cultural para hacer política, más que en el apego estricto a la doctrina de 1945. Los peronistas de hoy comparten un lenguaje común, la apelación al pueblo y la referencia a los símbolos (Evita, Perón, el 17 de Octubre), pero difieren profundamente sobre el modelo económico, el rol del Estado y las alianzas internacionales que el país requiere.
El peronismo pasó de ser una doctrina unificada, basada en una visión trasformadora de la realidad a convertirse en un método político para disputar y administrar el poder que, echa mano de su prosapia cultural argenta para definir su identidad y su horizonte de pertenencia.
Un movimiento que se redefine
El 17 de octubre de 1945 nació una fuerza capaz de interpelar a las mayorías, y confrontar con las minorías la disputa del producto colectivo. Hoy, cuando los sindicatos tradicionales conviven con los movimientos sociales y las transformaciones tecnológicas reconfiguran el mundo del trabajo, la lealtad peronista ya no se le rinde a un único dogma.
Aquel movimiento homogéneo de 1945 parece haber dado paso a una suma de identidades individuales y colectivas. En la Argentina del presente, el Peronismo vive fragmentado en las banderas que cada peronista decide levantar.
Estas banderas se encarnan pero no se despliegan en su magnitud, como si los peronistas creyeran que extenderlas en este momento los expone a limitaciones históricas que se encuentran marcadas en otras tantas de tipo ético, moral y finalmente, del orden de la representación colectiva, que ninguna de sus tribus pareciera acordar en que medida sostiene un imaginario común.
De todos modos y mas allá de las debilidades provocadas por el enemigo y las auto infringidas por sus miembros, el corpus peronista mantiene un vigor que solo se explica en la necesidad de liberación que tiene un pueblo vulnerado por verdugos propios y extraños. Un pueblo que aunque no lo diga todo el tiempo sabe cual es su cauce histórico. Tal vez si nadie conduce las urgencias de la Patria, será el propio pueblo quien deba volver a desbordarlo.
